viernes, 13 de diciembre de 2013

"Han metido masiá carga al coche" (Segunda parte)

El mes de julio de 2009 utilizé por vez primera el "transporte a la demanda", servicio público de transporte que comunica los martes a estos pueblos de la comarca de Baraona con Almazán. El relato de este primer viaje pueden leerlo haciendo click con el ratón aquí.

Transcurridos más de cuatro años, el 12 de noviembre de 2013 volví a repetir esta experiencia, en diferente época del año.  Estos son los nuevos apuntes del viaje:

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La niebla se adueña del paisaje
Hecha la reserva de rigor el lunes 11 de noviembre de 2013, llamando al teléfono gratuito que tiene asignado este servicio de la "Junta de Castilla y León", espero en la plazuela de la carretera el martes, a las 9 y 20 de la mañana al pequeño microbus que ha de transportar hasta Almazán a los viajeros del día. Un retraso de más de diez minutos en Alpanseque hace que uno se impaciente en una mañana en que la niebla va adueñándose del paisaje.

Si miramos la información de la Junta, aparece este servicio de transporte a la demanda como disponible martes y miércoles, pero eso fue al principio. Ahora solamente el servicio funciona el martes.

Este viaje es algo diferente al de mi relato anterior. Entonces era verano y ahora estamos en días cortos del otoño. Los pocos viajeros que caben en en este microbús son hoy todos residentes habituales de los pueblos en estas fechas. El medio de transporte pertenece a la misma empresa que lleva diariamente a los alumnos de los pequeños pueblos hasta los colegios adnamantinos. Este día han solicitado el transporte desde Alpanseque, Baraona, Villasayas y Fuentegelmes; por tanto no es necesario pasar y desviarse a Pinilla, ni a Jodra, ni a Lodares. Eso disminuye la duración del viaje. Alguien explica que los pasajeros habituales de Jodra ya se han ido a vivir con su hijo a Almazán, así que no se suele pasar por este pueblo.

El conductor se extraña porque el viajero que sube en Baraona no es el habitual que esperaba. Debe ser que no hay muchos habituales, es decir, gente que no dispone de automóvil propio para ir los martes a Almazán. Comentan que "el pasajero habitual" viaja cada dos semanas, y ya viajó la semana pasada.

En Villasayas sube el primer carrito de la compra. Hasta ahora solo habían subido pasajeros con bolsas. Hay dos asientos delanteros en los que están colocados elevadores especiales para niños, necesarios para el transporte escolar, así que los dos viajeros que ahora suben se acomodan en los que quedan libres más atrás, aunque ninguno de los espacios del pequeño autobús goza de mucha amplitud. Al subir tres personas en Fuentegelmes, una de ellas de cierta corpulencia, ya es necesario retirar los elevadores. Yo pensaba que la vuelta sería incómoda cuando todos volviéramos con los bolsos y carritos llenos de la compra semanal, pero nos tranquilizó enterarnos que precisamente el más corpulento hacía solamente el viaje de ida.

Aunque el día era de niebla, Fuentegelmes nos recibió con Sol, después que el conductor indicara la presencia de un par de corzos a la izquierda de la carretera. A la entrada del pueblo dos agricultores estaban preparando sus enormes tractores con su también enorme maquinaria para las labores agrícolas de la estación otoñal.

Sol en Fuentegelmes, con niebla en los altos.


Al poco de acomodarse los viajeros en Fuentegelmes, una señora que sube se da cuenta que no ha pagado al conductor el par de euros que cuesta el viaje de ida y vuelta, así que le dice: "Me meto, Gerardo, tan tranquila y resulta que no te he pagado". Un compañero de viaje afirma entonces: "No hay prisa, yo tampoco. Pero tengo idea de pagarle". Gerardo no tiene prisa, aquí no hay impagados.

Es reconfortante volver a circular por la carretera principal después de las entradas a Alpanseque y Fuentegelmes, cuyas carreteras no son precisamente ni anchas ni sin baches, y entramos en Almazán entre niebla y sol, cruzándonos en la rotonda del Eroski con el autobús de Alsa que va hacia Madrid a estas horas. Llegar hasta el destino de nuestro transporte en la estación de autobuses supondría luego tener que volver en un paseo de unos diez o quince minutos para pasar a comprar al Eroski o al Día, por lo que se le pide al conductor si puede dejarnos antes. No pone obstáculos a cumplir ese deseo y para en un espacio libre en la acera, al lado de la Gil, pero advierte que últimamente los guardias están un poco exigentes, y ya le han advertido en otra ocasión que solo debe dejar viajeros en las paradas señalizadas como tales. A veces tantas ordenanzas y exigencias, si se hacen estrictas, son simplemente hacer la pascua al prójimo. Quizá la flexibilidad es lo más acertado.

A Almazán este viajero no va a comprar hoy lo típico: paciencias, yemas, cordero... sino comestibles diarios normales y el café, cuyo agradable olor lo perciba la conductora a la vuelta y lo comente.

Para volver se dispone de otro vehículo, y ahora el conductor es conductora, porque debe hacer entera la misma ruta para luego dirigirse a recoger niños que salen de la escuela. Por ello se nos pide, y no hay problema, que quienes van a Baraona y Alpanseque se adelanten un cuarto de hora a la vuelta. Eso permite que el viaje de vuelta sea más corto para estos pasajeros, sin tener ni que desviarse de la carretera principal. Aquellos que vuelven a Fuentegelmes dispondrán para ellos solos del vehículo de la ida, que ahorrará así tener que hacer parte del recorrido.
Vuelta "a la demanda"


Una buena pitada a un conductor que sale del Eroski sin respetar su "Stop" al paso de nuestro microbús, y un comentario acerca de un corzo que había sido pillado por algún vehículo anterior, entre El Cargao y Villasayas, son el único ingrediente de una tranquila vuelta a casa a poco más de la 1 de la tarde.

1 comentario:

Amigos del Coborrón dijo...

Este servicio es una pequeña luz en el tunel en que que viven a oscuras muchos pueblos pequeños, asi que esperemos que dure mucho la idea.